Una vez eliminada la causa de la humedad, llega el momento de preparar el soporte.
La superficie debe quedar completamente limpia antes de aplicar cualquier tratamiento.
Conviene eliminar:
- Moho.
- Hongos.
- Salitre.
- Pintura mal adherida.
- Polvo y suciedad.
Eliminar el polvo, el salitre o la pintura deteriorada suele ser una tarea sencilla, pero el moho requiere una atención especial. Si no se elimina por completo, las esporas pueden permanecer en la superficie y volver a desarrollarse con el tiempo, incluso después de pintar.
Por este motivo, lo más recomendable es utilizar un limpiador específico para moho y hongos, siguiendo siempre las indicaciones del fabricante. Estos productos están formulados para actuar sobre la raíz del problema, ayudando a eliminar los microorganismos antes de aplicar cualquier imprimación o pintura.
Una vez realizado el tratamiento, deja que la pared se seque completamente y comprueba que no quedan restos visibles antes de continuar con la reparación.
Si existen zonas levantadas o desconchadas, es recomendable rasparlas y lijarlas hasta conseguir un soporte firme.
Una buena preparación mejora considerablemente la adherencia de los productos que aplicaremos después y ayuda a conseguir un acabado mucho más duradero.