Las grietas y fisuras son uno de los problemas más habituales que aparecen en una fachada con el paso del tiempo. Algunas son simplemente consecuencia del envejecimiento del revestimiento, mientras que otras pueden estar relacionadas con movimientos del soporte, cambios de temperatura, humedad o encuentros entre distintos materiales.
Cuando llega el momento de volver a pintar una fachada, cubrir directamente una grieta con pintura no suele ser una buena solución. Puede quedar disimulada durante un tiempo, pero si no se prepara y repara correctamente es muy probable que vuelva a marcarse.
Antes de empezar es importante determinar qué tipo de fisura tenemos delante, comprobar el estado del soporte y elegir un sistema de reparación adecuado. Y, sobre todo, saber reconocer cuándo una grieta deja de ser una simple reparación superficial y debería ser evaluada por un profesional.