3. Preparar las zonas problemáticas
Cuando existen restos de pintura antigua mal adherida, es recomendable raspar y lijar las zonas afectadas.
El objetivo es conseguir una superficie uniforme y estable que garantice una buena adherencia del nuevo revestimiento.
4. Aplicar la primera mano
Comienza por las zonas más complicadas utilizando una brocha.
Los barrotes, rincones y molduras suelen requerir más precisión que las superficies planas.
Posteriormente aplica la pintura con rodillo siguiendo un sentido uniforme.
Evita aplicar capas excesivamente gruesas, ya que pueden generar marcas o problemas de secado.
5. Aplicar la segunda mano
Una vez transcurrido el tiempo de secado recomendado por el fabricante, aplica una segunda mano.
Esta capa permitirá:
- Mejorar la cubrición.
- Incrementar la resistencia exterior.
- Unificar el acabado.
- Aumentar la durabilidad del sistema.
El resultado será mucho más uniforme y resistente frente a la intemperie.