Cambiar el color de un mueble de melamina es una forma sencilla de renovar una cocina, un armario, una cómoda o cualquier otro mueble sin necesidad de sustituirlo. Sin embargo, hay un problema bastante habitual: la pintura parece haber quedado perfecta y, al poco tiempo, comienza a levantarse con golpes, roces o arañazos.
La melamina tiene una superficie lisa, cerrada y poco absorbente, por lo que la pintura puede tener dificultades para adherirse correctamente si no realizamos una buena preparación.
Por eso, para conseguir un resultado duradero no basta con elegir un buen esmalte. La limpieza, el lijado, la imprimación cuando sea necesaria y respetar los tiempos de secado y curado son fundamentales.